La montaña como remedio médico y terapéutico

September 27, 2016

“La montaña mejora nuestra calidad de vida y puede cambiar nuestras mentes”, según médicos y científicos.

 

Gran cantidad de estudios recientes han desvelado que la montaña, y el pasear por la naturaleza posee unos beneficios a corto y largo plazo muy notables para el ser humano. Aunque algunos son evidentes, otros han llamado la atención de médicos de todo el mundo, que han comenzado a recetar los “paseos por la montaña” de forma generalizada.

 

 

Así, se ha demostrado que el senderismo en el medio natural posee múltiples beneficios como:

 

-Aumenta nuestra capacidad para solucionar problemas:

Al desconectar de la tecnología, nos hace ser más creativos para solventar problemas. Los ruidos de las zonas urbanas nos impide enfocar nuestra atención en la solución de los problemas, y la tecnología nos brinda soluciones rápidas y sin que tengamos que pensar, ante cualquier tipo de problema. La montaña, por el contrario, nos ayuda a calmar la mente, reduce nuestro cansancio y nos ayuda a ser más creativos y estimula la capacidad intelectual.

 

-Hacemos ejercicio:

El senderismo hace que quememos entre 400 y 700 calorías por hora, y además es uno de los  deportes más sanos, porque daña menos las articulaciones que otros como correr, el fútbol o el baloncesto. Entre otros beneficios, el senderismo ayuda a mejorar  la circulación, a coordinar la respiración, aumenta la motilidad gástrica, mantiene nuestras células nutridas y sanas  o retrasa el envejecimiento de las articulaciones. En el medio natural, además, cuerpo y mente se conectan de forma natural. Según estudios de la Universidad de British Columbia, este ejercicio aeróbico puede mejorar la memoria y la habilidad cognitiva. En los estudios encontraron que sobretodo en mujeres mayores, incrementaba el volumen del hipocampo, que es el encargado de la memoria espacial y episódica.

 

-Reduce la negatividad y disminuye el estrés y la depresión:

Los que salimos al campo con frecuencia notamos cierta necesidad del senderismo en épocas de agobio, y ahora entendemos el porqué. Un reciente estudio comparó la actividad neuronal de dos grupos de participantes que caminaban, unos por un ambiente urbano, y otros por la naturaleza. Los resultados reportaron menores niveles en la rumiación y negatividad, así como una reducción de la actividad neuronal de la corteza prefrontal, en aquellos que caminaban en el entorno natural. Los que caminaron en el entorno urbano no reportaban los mismos beneficios. Esto demuestra que pasar tiempo en el medio natural reduce los pensamientos obsesivos y negativos, gracias a la disminución de ruidos y de distracciones, aumentando así nuestra salud mental.

 

 

Cada vez son más los médicos que recetan a sus pacientes las “prescripciones naturales” o la “ecoterapia” para luchar contra la depresión o disminuir los niveles de estrés y la ansiedad.

Además de evitar el consumo de fármacos y químicos, este método tan sano y natural no conlleva gasto en medicación ni efectos secundarios o contraindicaciones, lo cual lo convierte en el remedio perfecto.

 

Y aunque no te lo recete el médico, siempre puedes probarlo y observar los resultados por ti mismo… ¿a qué esperas?

 

 

 

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¿Por qué sentimos bienestar en contacto con la naturaleza?

             Seguro que alguna vez lo has hecho: Caminas por una senda de tierra. Todo está tranquilo alrededor, sólo se escuchan los pájaros y algunas ramas en los árboles que bailan al son del viento. Al llegar a un prado verde, te sientas sobre su fresca hierba y observas el resto del bosque.

             ¿Por qué esta sensación de bienestar? ¿Qué es lo que nos atrae de estos lugares y por qué nos llenan?

Muchas son las respuestas posibles. Pero hoy le buscaremos la razón biológica, la razón que se encuentra en nuestra genética y que por mucho que evolucione nuestra sociedad, ahí va a estar durante muchos siglos más.

           Si volviésemos atrás en el tiempo, encontraríamos a nuestros antepasados viviendo de lo que la naturaleza les ofrecía; naciendo, creciendo y muriendo en contacto continuo con árboles, piedras, animales y aire puro. Esto sucedió durante miles de años. Inicialmente el ser humano recorría distancias enormes entre bosques para sobrevivir, después comenzó a asentarse en lugares que consideraban seguros y siguió evolucionando poco a poco, pero siempre en el lugar que les ofrecía frutos que recolectar, agua que beber y carne que cazar.

            Al igual que un león nacido en un zoo y apartado de sus padres, sabe cazar, genéticamente, el ser humano sabe que el lugar donde puede sobrevivir es el medio natural. Esa es la sensación de calma que encuentra al introducirse en él. Sabe que puede encontrar agua, alimento y refugio, pero sus genes también le recuerdan que es un lugar donde los peligros acechan, como por ejemplo los depredadores.

             De ahí que también sintamos algo de respeto, de adrenalina o de miedo quizás, cuando nos adentramos en ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Esto nos ayudaría a entender, desde el punto de vista biológico o evolutivo, muchas de unas cuestiones tan complicadas sobre las sensaciones que nos produce la naturaleza, pero además, debemos tener en cuenta que nos ofrece algo más, algo que el ser humano aprecia sin darse cuenta y que la sociedad actual tiene limitado: la naturaleza ofrece una libertad casi absoluta.

En el medio natural la única regla es sobrevivir, que traducido a un idioma actual para el ser humano, puede significar no hacerse daño. Si pensamos en la sociedad actual, nos encontramos rodeados de normas. Semáforos que nos dicen cuando cruzar, señales que nos prohíben una dirección, otras que nos obligan a un giro determinado, uniformes, modas, horarios... En la naturaleza todo está permitido: saltar, correr, sentarse, cambiar de sentido, pantalón largo o corto; sus ríos y mares pueden nadarse, bucearse o remarse; sus árboles pueden treparse; sus rocas escalarse; sus tierras pueden caminarse, rodarse… Y todo es mucho más simple, pues no existen ordenadores, códigos, contraseñas, redes sociales… Todo es mucho más sencillo en el medio natural. Algo que parece tan absurdo como esto, provoca que nos relajemos, que nos sintamos libres y tranquilos. Si nos alejamos de las complicaciones, de las normas, del bullicio y de la muchedumbre, a un lugar donde no pasaremos hambre ni sed, el resultado es esa sensación de bienestar que no sabemos explicar, y que a veces nos puede resultar inentendible.

 

           En resumen, la naturaleza se nos ofrece simple y libre de normas, y pone a nuestro alcance los recursos que necesitaríamos para sobrevivir, por ello nos genera sensaciones tan buenas cuando paseamos, observamos, jugamos o nos relajamos en el medio natural.

           Acuérdate de cuidarla, pues aunque no nos pide nada a cambio, somos nosotros los que debemos entender su valor y respetarla, como si de nuestra propia casa se tratara, pues lo ha sido durante miles de años y nos lo sigue ofreciendo cuando estamos en ella, como si el tiempo; los siglos, no hubiera pasado.

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